viernes, 15 de marzo de 2013

La bicicleta.


LA BICICLETA.

Kape conservaba recuerdos difusos sobre la ausencia de su hermano. Palabras sobre el hospital, el vendaje aparatoso de la cabeza y la pregunta diaria: ¿cuándo vuelve Man?
Cuando regresó, al fin, la niña preguntó a su hermano qué le había ocurrido.
Román le dijo que no recordaba nada y, a continuación, repitió lo que la loba inventó para ocultar lo que fué un parricidio frustrado.

El inocente Man relataba que se había estrellado contra la pared cuando iba por la plazoleta montando en bici.

Y aquello no era posible. Una plazoleta pequeña, llena de niños de diferentes edades, que jugaban a la pelota, a la comba, al elástico...¿cómo podía un crío desarrollar la velocidad necesaria, en línea recta, y estamparse contra un edificio en medio de tantas criaturas juguetonas? ¿Qué velocidad hubiera sido necesaria como para, además, se provocara un traumatismo craneoencefálico en la zona occipital?
La loba repetía una y otra vez su mentira. El lobo, testigo y cómplice, callaba.

Kape no comprendía nada. La loba había adornado su coartada con testigos. Y la niña les preguntó a todos. Nadie en la plazoleta recordaba tal accidente.

Man fué un bebé prematuro, pero sano. Las fotos de su primera infancia reflejaban a un niño muy guapo y tierno, de rizos claros y mirada transparente.
Poco tiempo después del "accidente", Man quedó estrábico de un ojo, secuela "normal" a consecuencia del aplastamiento de los nervios oculares tras la brutal paliza.

A partir de ahí , y a su espalda, la loba llamaba a su hijo el cegato, el bizco....pero aún quedaban para ella muchas más descalificaciones...

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